
El pasado otoño la Fundación Juan March propuso debatir y reflexionar sobre la cuestión más actual en nuestras sociedades del bienestar: la indignación y la ira que la causa. Para ello se contó con una personalidad del mundo académico como invitado de lujo: el filósofo Remo Bodei1, profesor de Filosofia de la Universidad de California.
Este filósofo alemán de procedencia judía tuvo que abandonar su país en 1936 debido a la política nazi. Ejerció la cátedra en diferentes países y universidades como la de Marburgo, Sandai, (Japón), Nueva York y Heidelberg. Entre sus obras más conocidas y reveladoras nos encontramos con El sentido de la historia (1949) y Naturaleza, historia, y existencialismo (1966).
El título de este artículo pretende contraponer las maneras de vivenciar el poder, su responsabilidad y sus consecuencias, tanto por nuestra parte como por la parte de Satanás, y afortunadamente, por la de un tercero en discordia, el Segundo Adán.
Este concepto es básico en el devenir de la historia de la salvación humana. Sin poder, no existiría el bien común.
En primer lugar, me gustaría compartir lo que más me llama la atención de esta persona creyente: sus interrogantes, sus dudas, y sus convicciones para desechar razonamientos demagógicos, llenos de oportunismo. Creo que en la vida todos tenemos preguntas no respondidas, y que nos guían en nuestra búsqueda de sentido. ¿Cómo no convertirte en un interrogante viviente cuando tu vida es destrozada por el sufrimiento?
...“TÚ ERES MI HIJO, YO TE HE ENGENDRADO HOY” Hebreos 5.5
Me gustaría enfocar la reflexión de este artículo inspirándome en dicha declaración divina. Quizá, dados los tiempos que corren en nuestra sociedad, debido a la irresponsabilidad familiar, sería más conveniente parafrasearla. Podría aludir mejor al espíritu con el que fue promulgada si cambiásemos un verbo. Engendrar por educar. Así apelaríamos a la épica, y a la heroica, al poner en circulación esa frase tan manida de la “educación en valores”.
Creo en Dios, por lo tanto me encuentro despojado de razones lógicas para explicar al no creyente muchas acciones que YHVH ha llevado a término en la historia en general, y en mi vida en particular.
Habito en la postmodernidad. No hay posibilidad de comunicar grandes metarrelatos metafísicos. No hay un paradigma único y absoluto. La teología tan sólo es una parcela fragmentada del infinito universo del saber. Quizá obsoleta en su arcaica pretensión de verdad infalible para nuestros contemporáneos.
Desde siempre me ha llamado la atención el texto que cita Lucas en el capítulo 19. Apenas le dedica 4 versículos a una de las actuaciones más determinantes, santa, justa, misericordiosa, extraña, valiente, poderosa, y de difícil explicación incluso para los cristianos apologistas. Jesús “llevado por un santo furor” lleva a cabo la “purificación” del templo. Esta parece ser la tesis más aceptada por la cristiandad. Y si parece un tanto excesivo el término, al menos como adventistas es la postura oficiosa que desde algunos púlpitos he oído más veces.
La siguiente reflexión es un acercamiento a Juan 14: 1-21
1 »No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
3 Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis.
4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.