
La siguiente historia podría encuadrarse dentro del género de Biblia-ficción: utilizar el contexto bíblico para contar una historia que puede que no ocurriera jamás, o sí. Los nombres de los dos protagonistas no son recogidos en las Escrituras.
La revista Adventist World de junio de 2011 dedica el grueso de sus artículos a la situación de la mujer en la iglesia. Aparecen citas como estas:
“Son mujeres que han impartido la Palabra, ayudado a los enfermos, enseñado a los analfabetos y llamado a los pecadores al arrepentimiento y la salvación de Jesús. […] Mientras tanto es tiempo de que la iglesia les exprese su gratitud y les ofrezca su aliento”.- Bill Knott en su editorial.
Yo nací en un bosque. Todavía vivo en ese bosque. Soy parte de ese bosque y lo amo. Estoy orgullosa de mi bosque. (Es mío porque yo pertenezco a él, no porque él me pertenezca)
Mi bosque fue plantado hace mucho tiempo por el Guardabosques. Y él lo cuida, pasea por sus laderas y conversa con árboles y animales.
La mayoría de los que vivimos en España hemos comprado en las famosas tiendas de “chinos”, antes llamadas tiendas de “todo a cien [pesetas, antigua moneda española. Un euro equivale a 166 pesetas.]”. Es interesante entrar en una de estas tiendas. Están llenas, a rebosar de mercancías. Y son baratas, muy baratas.
Uno de los pasajes más maravillosos de los Evangelios es el capítulo 15 de Lucas. Tres parábolas. Tres pérdidas, tres recuperaciones, tres fiestas: la oveja, la moneda y el hijo. Mucho se ha predicado y escrito sobre los humanos perdidos, sobre cómo nuestro Padre Celestial nos busca y nos consigue recuperar para celebrarlo, al fin, con la hueste de ángeles gozosos.